Nos balanceamos
mecidos por una daga de mil filos,
conscientes de que algún día el sueño
será cercenado sin clemencia
y apenas podremos nutrirnos
de sangre de otoños pasados.
Nos asomamos
a abismos disfrazados de circo,
exultantes ante el fulgor
de engañosas luces azules,
alarmas silenciosas de una vacuidad
que nos asfixiará con sus dulces susurros.
mecidos por una daga de mil filos,
conscientes de que algún día el sueño
será cercenado sin clemencia
y apenas podremos nutrirnos
de sangre de otoños pasados.
a abismos disfrazados de circo,
exultantes ante el fulgor
de engañosas luces azules,
alarmas silenciosas de una vacuidad
que nos asfixiará con sus dulces susurros.
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