Para ti serán las diez, para mí serán
las dos. ¿Qué hora será en ese momento en el cielo? ¿Será la misma que en el
infierno? ¿Qué hacen Dios y Satán con esos minutos de más? ¿De verdad la
necesitan? ¿Es cierto que les sobra? Y, lo que es más importante, ¿por qué se
divierten tanto prestándonos ese tiempo que luego vendrán a robarnos
impunemente?
Poemas y relatos publicados semanalmente. Puedes ponerte en contacto conmigo escribiendo a mighergar@gmail.com
Aquí puedes comprar mi nueva novela.
sábado, 25 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
Vacío
Miro abajo y no sé si el hueco está
delante o queda detrás. En este punto, tras tantos años, resulta imposible
situar el vacío. Se echa de menos poder ofrecer algo con lo que combatir la
nada, en lugar de verse tan atraído por ella. En realidad nada se echa de
menos, así, impersonalmente. Echamos de menos. Por eso será un recurso útil que
digan que se me echará de menos, aunque nunca llegaré a saber si de verdad habrá
sujetos que se quieran hacer cargo de esa acción.
sábado, 11 de octubre de 2014
La cima
No importa que intentes tenerlo todo
controlado, que hayas planeado los detalles del recorrido durante años, que
creas tener más fuerza, seguridad y certeza de lo necesario, que sepas dónde
tropezaron otros o que sientas tener el antídoto para cualquier obstáculo. Mira
a tu alrededor mientras te mueves y disfruta lo que ves, porque la cima siempre irá más rápido que tú.
domingo, 5 de octubre de 2014
lunes, 22 de septiembre de 2014
Trinchera
Se sorprenden porque seguramente sea el
único que sigue esperando que nunca acabe la guerra. Mientras todo el mundo
piensa en volver a su casa, yo solo quiero dejarme emboscar por ti, hasta que
desmanteles las trincheras de mi alma y consigas deshacer mi vida. Quizá soy
demasiado ingenuo para escapar de esta permanente retaguardia.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Sirena del sol naciente
Estrella
brillando por encima de lo humano,
leona
blanca que pelea con zarpazos de cordura,
los
sueños te buscan en mitad de la noche,
cuando
solo tu sonrisa puede darles abrigo.
Teñiste
mi mirada de belleza
hasta
que la torpeza envidiosa sepultó mis ojos
con
el fango de la involuntaria inconsciencia
contra
la que mi alma se revuelve malherida.
Siempre
quedará un rastro del alba
en
el candor de esa mirada tan clara,
afanosa
por encontrar el cariño
negado
por silencios desagradecidos.
Sirena
del sol naciente,
bondad
divinamente moldeada,
besaste
cada hueco de mi alma
hasta
hacerme comprender qué es ser valiente.
Ahogado
en la penumbra del recuerdo
como
una frágil pantera desbocada,
anhelo
volver ser ese cartero
que
enviaba las sonrisas a tu cara.
lunes, 8 de septiembre de 2014
De nada sirve
De nada sirve explicar lo que no he
entendido. De nada sirve tratar de tomar por mentiroso al espejo. De nada sirve
patear el minutero. De nada sirve ignorar las cicatrices de lo que estalló
entre los dedos. De nada sirve juzgarme con un tribunal sobornado. De nada
sirve condenarme y cerrar la llave por fuera. De nada sirve trazar vericuetos
que prolonguen el camino al fango. De nada sirve macerar postreras estrategias.
Nunca me servirá como tenerte, pero ahora solo me sirve no tenerte.
domingo, 31 de agosto de 2014
Nuestro merecido
Seguramente el verdadero merecimiento se
encuentre a medio camino entre lo que consideramos merecer y lo que los demás
piensen que tenemos merecido.
domingo, 17 de agosto de 2014
Paréntesis
Es muy raro ver que envuelva su sonrisa
en un paréntesis. En esta ocasión lo ha hecho para tratar de concentrarse más
en sus pesquisas, con las que intenta encontrar algunos momentos que se
conviertan en motivos para reforzar su suposición. Él la mira con esos ojos a
los que aún les queda mucho para acabar de derramarse por esa fina cara, y con
sus primarios métodos comunicativos intenta recordarle que le devolvió el balón
todas las veces que se lo lanzó, que su mano fue el cuenco de sus lágrimas
cuando se rozó con la arena del parque, que su voz cuenta los cuentos más
bonitos que la de la señora que vive en el ordenador, que sus besos de buenas
noches son como esponjitas que limpian la tristeza de su frente o que si no
acaricia más su mejilla es porque le da vergüenza no tener unas manos tan suaves
como las suyas. Ella tarda en darse cuenta, hasta que el zarandeo del tren hace
que se deshaga del paréntesis que enclaustraba su sonrisa y entienda, por fin,
lo que aquellos ojos diminutos querían decirle.
lunes, 11 de agosto de 2014
Cuello enrojecido
Ha conseguido llegar a tiempo a la
estación a pesar del tráfico, que no tiene vacaciones ni en agosto. Tras unas
vueltas y varias consultas a carteles a veces contradictorios, ha conseguido
encontrar la puerta por la que saldrá. Después de cerca de diez minutos, en los
que decenas de rostros importantes para otros se han desenfocado ante él, la ha
visto. Viene medio cojeando por el efecto de una ampolla en su pie izquierdo,
con el cuello enrojecido por el exceso de sol y unas blanquecinas tiras
delatoras del bikini. Menos pronunciadas que otras veces, sus ojeras han vuelto
con ella, algo que no parecen haber hecho las gafas de sol en vista del gesto
arrugado que trae para que no le molesten los reflejos de la recargadísima
iluminación en sus ojos. En ese punto, nada le reprime sus ganas de correr
hacia ella, quien le mira con gran extrañeza ante ese gesto. Lo que ella no
entiende es que donde otros verían una princesa, una diosa o un hada, él ve un
cuello enrojecido, unas tiras blanquecinas, unas ojeras y un gesto arrugado. Y
es lo que más le gusta en el mundo.
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