domingo, 8 de febrero de 2015

Ninfa

Moldear la transparencia del cristal
mientras mis manos se hielan
es una cualidad aterradoramente lícita.

Si la sembraras en tus huellas
terminaría por germinar inconsciente
devorando lo humano de tu presencia.

Cede ante la piedad que suplica mi ignorancia,
muéstrate como la ninfa soñada,
envuelve esta suposición con contratiempos.

Camina desobedeciendo a las dudas
por la senda que te acerca al horizonte
en el que observas con desidia a quien te espía.

lunes, 2 de febrero de 2015

Goteo

Gotea el mundo a nuestro alrededor.
Pensamos que nos deshacemos
al no entender
que la paciencia nunca llegará a desangrarse.

domingo, 25 de enero de 2015

La mirilla

Llamaron a la puerta, y solo la insistencia de un segundo timbrazo le hizo sobreponerse a la pereza. Desconfiaba de aquellas personas que no revelaran el código Morse de los habituales de esa casa al tocar tres veces seguidas. Por eso acercó el ojo a la mirilla, y a través de su protector ojo de pez pudo observar un grupo numeroso. Los años, agolpados en el rellano, se presentaban cargando con olores, conciertos y viajes en sus brazos. Cuando estaba a punto de asir el pomo del picaporte, se frenó, intentando hacer el menor ruido posible, esperando ahuyentar a los visitantes. Tras algo más de un minuto, estos se dirigieron a la puerta de al lado, que se abrió antes de que pusieran el dedo en el timbre. Pensó que en esa casa seguramente los aprovecharían mejor. Desde hace mucho tiempo a él ya no tenían ninguna oferta interesante que hacerle.

lunes, 19 de enero de 2015

Diez minutos

Diez minutos dan de sí
para absorber un último sueño,
para desafiar a las matemáticas
o para mecer el hielo.

Este rato también vale
para rebañar un recuerdo
que asumí extraviado
tras perseguir tus bolsillos.

Da para dos o tres canciones,
cuatro líneas mal talladas,
algún ejercicio de fe
e incluso ninguna certeza.

Siempre se están terminando
los momentos que pedimos prestados
al agobio del silencio
cuando aparentamos que no existe.

¡Por supuesto que sirven de algo!
Todavía podrías leerme
en esos mismos diez fragmentos
que emplearás en olvidarme.

sábado, 10 de enero de 2015

Menguante

Me ofende el cuarto menguante.
Desgarro con carcajadas las hebras de su silencio
con el afán de hacer que mute
en perpetuo cuarto creciente.

La sangre solo corre cuando no sabe dónde va.
Ahora se cuaja avergonzada
a los pies del paraíso.

Se instalan las dentelladas
en la trastienda de la razón.
Nos devoran con mensajes
de inmaculada impureza.

La tinta borra el rastro de la condena.
Se derrama iluminada
en las mejillas de la calma.

lunes, 5 de enero de 2015

El rock es la nueva comedia

Hay drama en cada compás y comedia en cada nota. Hay decepciones escupiendo los parches y locuras rebañando el mástil. El pie de micro pisotea la ignorancia y el corazón aún no ha cogido bien el tempo. El eco de tardes calladas retumba en nuestra rutina hasta que calmamos con ritmo las úlceras en la esperanza. La fama es esa diosa de la que nos reímos con la boca pequeña mientras se deslizan por nuestras mejillas las migajas de un aplauso. Brindemos sin que nos importe que solo somos marionetas guiadas por las entrañas.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Dicen

Dicen que no entiendo porque no salgo en sus cuentas. Dicen que no entiendo porque no caso con sus frases. Dicen que no entiendo porque mi naturaleza no cabe en su geografía. Dicen, dicen, siguen diciendo y yo les digo que no me hace falta entender, porque yo sé que comprendo. Comprendo que haya quien desde hace años escogiera navidades negras. Comprendo cuando me miran unos ojos nacidos al final de la tierra. Comprendo la dureza de unas almas más tiernas que mi nombre. Comprendo cuando sus manos se ponen en sus mejillas porque a veces necesita un paraguas con el que proteger su sonrisa. Comprendo cuánto vale un sobresaliente en generosidad, sobre todo cuando proviene de licenciados en cariño. Comprendo que su piel es blanca porque está hecha de azul del cielo y tonos de verde esperanza con los que dar una mano al silencio. Y comprendo que despejarán la ecuación con el viento de su fuerza.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

En medio de la nada

Querida Miriam:
Te escribo otra carta que, como las anteriores, no sé si será la última. En realidad aquí nunca sabes cuándo será lo último de nada, porque todos suponemos que el final está infiltrado entre nuestras tropas, aunque solo algunos tienen la desgracia de desenmascararlo. Ya sé que apenas tienes edad para balbucear y que aún tardarás en aprender a leer. Sin embargo, somos lo que hacemos, y decir y escribir también es hacer. Si no regreso, nunca sabré cómo me imaginarás, así que al menos quiero dejarte estas palabras para ayudarte a que traces parte de mi perfil mientras mi mente te esculpe en silencio. En realidad no tengo nada más que dejarte, ya que, si muero antes de volver, no creo ni siquiera que os llegue una mota de las cenizas que conformarán ese cuerpo derruido en el que me habré convertido.
Nunca he aspirado a ser un buen narrador, y ni siquiera si lo fuera podría contarte novedades sustanciales con respecto a mis cartas anteriores. Aquí, incluso en los días en los que hay más acción y movimiento, la nada termina por devorarlo todo. Paradójicamente, ese parece ser nuestro objetivo y el de quienes pelean contra nosotros: conseguir que la nada termine imponiéndose a todo.
A veces pienso que, en algunas cosas, vivimos una vida en la que experimentamos sensaciones parecidas. El dolor, el hambre, el frío… ambos nos hemos visto obligados a convivir con ello al habernos encontrado de buenas a primeras en un entorno muy distinto a aquel que nos otorgaba una placidez envidiable solo unos meses atrás. La diferencia entre nuestras hambres, nuestros dolores y nuestros fríos es que, si me lo permites, los míos se ven agudizados por el peso de lo incomprensible. Tú aún tardarás en reconocerlo, pero aquí los que dan órdenes desde cuarteles protegidos y los que las ejecutamos entre barro, sangre y alambre de espino solo nos diferenciamos en los años que se tienen ahorrados en el zurrón de los párpados.
Por eso te escribo, porque aquí la recompensa no es la victoria sino el tiempo, ese que, si consigo volver, emplearé en demostrarte que esto no sirve para nada, que solo vivir sirve para algo, que si muero nunca aceptes que digan que fui un héroe, como tampoco quiero que lo admitas si logro sobrevivir. En la guerra no se es víctima, ni mártir ni verdugo, porque en el momento en el que te atrapa comienzas a no ser nada. Ojalá te pueda ver crecer pero, si eso no sucede, solo te ruego una cosa: no dejes nunca de ser, Miriam.

(Texto publicado originalmente en el blog de los clubes de lectura organizados por la editorial Playa de Ákaba.)

domingo, 7 de diciembre de 2014

Equinocio

Recuerdos que se funden entre estaciones,
de guion el calendario para no improvisar.
Pasado el fuego, es tiempo de cosechar calor
hasta adaptar nuestra luz a un brillo traicionero.

Vendimiar experiencia apretando la almohada.
Voces más altas que otras trepan por la garganta.
Grabar escenas que van desde la comedia al drama.
Secuencias para llevar a los ojos amarradas.

Tener el mundo a nuestros pies y acariciarlo a patadas.
Retrovisores que nos enseñan la dirección acertada.
Ya sea en un tren que no ve la mañana
o en otro que va al fin de las montañas,
poner el despertador a la hora del futuro,
ser el presente sin que nos despierten.

Medios que comunican el ansia y el alma,
sueños que se visten con fe y con casta.