Dejaré que me raspen las costras
las palabras que un día me hirieron
para que puedan notar en sus garras
la afilada certeza de la caducidad.
Permitiré que se queden las sobras
con las que hacerse vistosos collares
que las coronen como grandes maestras
del repugnante arte de intimidar.
Consentiré que se claven sus filos
deslumbradas por brillos opacos
hasta que sientan correr por su pecho
la misma sangre que habrán de limpiar.
las palabras que un día me hirieron
para que puedan notar en sus garras
la afilada certeza de la caducidad.
con las que hacerse vistosos collares
que las coronen como grandes maestras
del repugnante arte de intimidar.
deslumbradas por brillos opacos
hasta que sientan correr por su pecho
la misma sangre que habrán de limpiar.