Llovió tan seguido
que invitamos a vivir a la tempestad
hasta anegar los colchones
con charcos de frío y distancia
sobre los que intentar reposar cada noche.
El día que paró
no recordamos dónde habíamos puesto el sol
y continuamos con los ojos entrecerrados
moviéndonos a tientas entre silencios
con los que abrigarnos de los zarpazos del olvido.
que invitamos a vivir a la tempestad
hasta anegar los colchones
con charcos de frío y distancia
sobre los que intentar reposar cada noche.
no recordamos dónde habíamos puesto el sol
y continuamos con los ojos entrecerrados
moviéndonos a tientas entre silencios
con los que abrigarnos de los zarpazos del olvido.